Cronica del destino de los huesos

CRONICA DE EL DESTINO DE LOS HUESOS. | Por Rocío Sánchez.

“… un hueso, de costeleta. Primero estuvo acostado sobre la plancha, luego sobre el plato y ahora yace sobre la basura porque el destino de los huesos es estar acostados” Andrea Fiorino es una reconocida actriz de Rosario que interpreta a una mujer aburrida y desorientada. Presenta El destino de los huesos todos los domingos a las 21 horas en el Teatro de La Manzana.

Escucho golpear la puerta del teatro. Miro el reloj que tengo en mi mano izquierda. Son las 7. Con la puntualidad que los caracteriza llegan al teatro Andrea Fiorino junto a Federico García, su asistente de dirección. Entre abrazos, risas y algún cigarrillo encendido se acomodan en la sala.
Subimos al altillo, ingresamos al cuartito y cargamos los objetos: 5 almohadones grises, una manta blanca rayada, una caja repleta de remedios, un paraguas y un cesto de basura forman parte de la escenografía. Bajamos a la sala, acomodamos la tarima y sobre ella el sillón. Se escucha la voz de La Fiorino diciendo “más a la derecha. No. Pará. Un poquito más a la izquierda. Tiene que coincidir con la mancha de la pared”. “La mancha” es un pedazo de cemento sin alisar y para la mujer de los “truquitos”, como le digo yo, funciona como guía para saber dónde comienza la tarima y dónde se ubica el sillón.
Con todo ubicado delicadamente en su lugar se controla que los objetos estén en orden. Las gotitas de clonazepam deben caer definidamente una tras otra, la llama de la vela debe tener una altura considerable para que el rostro se vea iluminado y las medias de los pies deben producir un estado de abandono que si un diseñador de moda las viera diría: “Cuadros y rayas no van, gorda”. De repente se escucha: “¿cómo ves a la lechuga?”. La lechuga. Una simple hoja que forma parte también de la escenografía y que debe tener un cierto aspecto de putrefacción para quedar a la par con el resto de las cosas.
En el patio me espera la chillona e inestable escalera metálica. Parece observarme desde arriba como si supiera que voy a agarrarla para comenzar a trabajar. Se empiezan a direccionar las luces. Ocho luces conforman la iluminación que, junto con el sonido, creará la atmósfera del aburrimiento y soledad que acompañará a la actriz hasta el final.
Finalizada la técnica comienza la reunión en el camarín. La imitación de una tía o de la Gata Varela, las charlas sobre teatro o política o simplemente las canciones de Mercedes Sosa y Fandermole son la compañía de un buen café con una pizca de sal que desde el estreno parece ser utilizado como cábala. Sí, con sal. Es que el día del estreno, entre los nervios, la ansiedad y andá a saber qué más, se utilizó sal en vez de sacarina. Desde entonces es la especialidad de este grupo.
Media hora antes de la función se abren las puertas del teatro. Las entradas comienzan a venderse. La lista de reservas está toda tachada y es acompañada por algún dibujito de la boletera. “Buenas noches. Vamos a ingresar a la sala”, digo. Me asomo para corroborar que comenzó a sonar la música. Lentamente aumenta el volumen. Abro las puertas. La gente, desorientada, ingresa sin saber dónde sentarse. Una vez ubicados comienza la función. El sonido de las campanas dan la señal de que la actriz recostada en aquél sillón comenzará a cobrar vida.

El destino de los huesos es un drama cómico interpretado por Andrea Fiorino y cuenta con la coordinación general de Federico García. El texto de la obra fue escrito por Virginia Ducler y por la misma Andrea Fiorino.